ARQUITECTURA-G

ESCRITOS-G: “Casi Ocho Hectáreas”

Posted in ESCRITOS-G by ARQUITECTURA-G on febrero 20, 2014

Conversación entre Smiljan Radic, Moisés Puente y ARQUITECTURA-G

Publicado en Apartamento Magazine #12

Fotografía: Smiljan Radic

Retrato collage de Smiljan Radic

INTRO

Esta es la historia de un lugar familiar, una historia que el arquitecto chileno Smiljan Radic ha construido junto a su mujer, la escultora Marcela Correa, en un paraje cercano a Vilches (Chile). A lo largo de los últimos 18 años, se han construido algunas casas, otras han sido transformadas y otras se han eliminado. Lo que al principio era una parcela de media hectárea es ahora un robledal de más de cinco, cubierto por un manto de hojas en el que asoman piedras y casas.

En compañía de Moisés Puente, arquitecto y editor, mantenemos una conversación por videollamada con Smiljan Radic, quien amablemente nos atiende desde la planta superior de la Casa CR en Santiago mientras toma un café. Este es su refugio.

ARQUITECTURA-G

¿Cómo empieza tu relación con esta parcela?

SMILJAN RADIC      

En un viaje a la India, cuando Marcela Correa y yo estábamos empezando nuestra relación, ella me contaba cosas de este lugar espectacular. Al principio tuve mis dudas. Estaba cerca de Talca, a unas tres horas y media en coche al sur de Santiago de Chile, y para mí se trataba de un lugar horrible del interior. Sin embargo, cuando finalmente llegué al lugar, me impactó mucho. Normalmente la cordillera chilena da la sensación de ser algo erosionable; en cambio, este lugar es un paisaje muy fuerte. Los cerros son de basalto, algo raro en Chile. Al principio no había ningún árbol y la familia de Marcela fue plantando lo que años después constituye el bosque actual.

Familia Correa

La parcela pertenece a la familia de mi mujer desde la década de 1970. En origen tenía media hectárea y con el tiempo ha ido creciendo a medida que hemos ido comprando las parcelas colindantes, deshabitadas desde hacía tiempo. Por las condiciones del lugar, antiguamente la gente iba a curarse de asma y de otras enfermedades respiratorias; la parcela tiene esta mística de lugar sanador. Pero, aparte de eso, lo más interesante es que, gracias a que sigue siendo un sitio bastante desconocido y abandonado, cuesta llegar hasta allí. Todavía hay caminos de tierra que producen una sensación de cierta distancia, que para un refugio es lo único necesario. Para llegar a un refugio hay que hacer un esfuerzo físico; sin esa sensación de distancia no existe refugio.

ARQUITECTURA-G

Más que las casas que habéis ido construyendo, entendemos que el auténtico protagonista es el sitio, como si este fuera en sí mismo un refugio que ha acogido diferentes construcciones y diferentes formas de habitar e interpretar un lugar. Este habitar está directamente relacionado con vuestra biografía, es como una extensión construida de las cosas que os han ido sucediendo. En tus textos sobre los proyectos haces referencia a los robles, a la cordillera y a elementos de la naturaleza como los materiales constructivos propios del lugar. Por ello nos gusta la idea del lugar entendido como cobijo en el que se van construyendo diferentes refugios a lo largo del tiempo.

SMILJAN RADIC

En este sitio han ido apareciendo y desapareciendo una serie de casas; muchas de ellas ya no existen porque se han ido cayendo o porque las hemos tirado o modificado. Hemos ido comprando y agregando parcelas, y ahora el terreno es muy grande. Aun así, el lugar no está completo todavía, pues hay un vecino en medio que parte el terreno en dos, lo que hace que la historia sea un poco más complicada y bonita a la vez: existe una discontinuidad que parte la historia en dos. El terreno ha crecido de su poco más de media hectárea inicial a las cinco actuales, y nos gustaría llegar a las ocho (la superficie considerada mínima en Chiloé para que una familia pueda ser autosuficiente). Hay algo psicológico con las ocho hectáreas de terreno y creemos que el lugar podría funcionar con ese tamaño.

Evolución de los acontecimientos en la parcela. 1970 – 2012

MOISÉS PUENTE

Es curioso cómo os habéis ido colocando a lo largo de los años en distintos sitios de la parcela, actuando siempre con estrategias muy distintas. La primera casa, la casa Chica, era un refugio de montaña; después vino la casa A, que es una intervención radical sobre una casa existente; y, finalmente, la casa para el Poema del ángulo recto, un ejercicio completamente ex novo.

SMILJAN RADIC

Diseñamos la casa Chica en nuestra estancia en la India. Marcela me decía lo que podíamos hacer en el lugar, y decidimos que el espacio que ella necesitaba era solo una habitación de 6 x 4 m. Marcela había ido guardando una serie de materiales de demolición, unas ventanas y materiales encontrados. Durante cuatro meses estuvimos recogiendo piedras cortadas por los presos de Santiago y trasladándolas allá para construir los muros. Queríamos que la construcción tuviera el carácter de un lugar antiguo, anclarlo al sitio.

Casa Chica

La construcción se abría directamente al paisaje y adolecía de esta cosa del turista que quiere tener el paisaje siempre de frente y a la vista. En cambio, por una serie de motivos familiares, la última casa, la casa para el Poema del ángulo recto, es todo lo contrario. Se trata de una casa bastante cerrada que parte de la base de que uno ya es del lugar, que lo entiende, que sabe dónde cae el río, cómo suena el bosque o por dónde puede caminar. Por ello uno ya no necesita ver el lugar constantemente; solo necesita saber que el lugar está ahí al lado. Se niega el problema de la visual directa y se entienden los alrededores como algo siempre presente. Así es como entiende el entorno un campesino que no necesita ver las vacas ni los cerros continuamente, sino solo tener los signos que le hacen ser consciente de que se encuentra en el lugar.

MOISÉS PUENTE

En ese sentido, el roble que se ha dejado en el patio de la casa para el Poema del ángulo recto puede entenderse como un recordatorio de lo que hay ahí fuera.

SMILJAN RADIC

Sí, pero también tenía que ver con que, como objeto aislado, la casa es extremadamente formalista. Metida entre los árboles comienza a perder la forma y a convertirse en una especie de parásito que se agarra al lugar. Una vez definida la forma, hice un levantamiento de todos los árboles y la encajé en su lugar justo de entre los tres posibles lugares, todos ellos en la parte descendente de la colina. La casa A, que era una reforma de una casa existente, estaba un poco más arriba, pues todas las casas existentes en los terrenos aledaños que fuimos comprando siempre se situaban en la cota más alta de unas colinas que suben y bajan. La casa para el Poema del ángulo recto caía un poco hacia abajo y dejaba libre el alto de la colina como una gran plaza jardín con 300 piedras de basalto que habíamos traído de una cantera cercana y que ordenamos en el lugar.

Casa para el poema del ángulo recto

ARQUITECTURA-G

Como ya has comentado, el valor del lugar como refugio es superior a las casas que van apareciendo y desapareciendo en función de las circunstancias y las necesidades. Es innegable que esta secuencia de casas acompaña a una biografía que hace que cada casa tenga una densidad y carga personal distinta que, de algún modo, las hacen insustituibles. ¿Qué te ha llevado a entender cada una de ellas tal como es?

SMILJAN RADIC

Había otra casa muy cerca de la casa para el Poema del ángulo recto, una antigua construcción habitada por una familia que la había ido ampliando con el tiempo. Cuando la compramos, desmontamos el 60 % de la casa conservando la estructura anterior a las ampliaciones, algo muy chiquitito y mínimo sobre lo que construimos una estructura de madera muy sencilla: la casa Transparente, un taller para nuestra hija. Una vez más, necesitábamos despejar el sitio, dejar que el sitio fuera lo más relevante.

Casa Transparente

En el lugar había una casa en forma de A, la casa de la familia de Marcela. Cuando construimos la casa Chica vivimos en ella durante seis o siete años hasta que la familia empezó a crecer. Como la familia de Marcela ya no iba, acabamos comprándola. En el momento de arreglarla estaba en muy malas condiciones y era de construcción muy barata. Si nos hubiéramos puesto a restaurarla no habríamos terminado nunca, y además habríamos acabado haciéndolo casi todo nuevo: o se aceptaba esa fragilidad o se construía todo de nuevo. Si se hacía todo de nuevo, no había por qué mantener lo que había. Tardamos unos dos años en arreglarla.

Casa A antes y después de la intervención

Con el gran terremoto que azotó Chile en 2010, la casa A se vino abajo. Aunque estaba cubierta por el seguro, el coste sentimental fue muy fuerte, pues en realidad no teníamos intención de construir nada más en el lugar. Barrimos los restos de la casa en dos semanas, y fue bonita esta limpieza del terreno; al final fue algo bueno que nos hizo ser conscientes de que el bien patrimonial que teníamos no eran tanto las casas, sino el propio terreno.

Aparte de esto, habíamos comprado un terreno que en entonces quedaba desligado del resto, donde había otra casita que había pertenecido a la tía de Marcela. En tono jocoso la llamamos la “cabaña de Heidegger”, nuestra casa de invitados, porque es igual de pobre y formalmente muy parecida a la cabaña que Heidegger tenía en la Selva Negra. Esta casa está revestida de fonola (papel ondulado embreado), lo más barato que uno puede encontrar. En Chile una casa de fonola es lo más mínimo; aún no es una casa, no tiene rango de “casa”. Por su material, esta casa tiene una relación muy bonita con la intemperie. Alguna vez hubiéramos querido publicarla como ejemplo de algo que ni siquiera es arquitectura.  Después de que cayera la casa A, habitamos la “cabaña de Heidegger” durante mucho tiempo a esperas de construir la nueva casa para el Poema del ángulo recto.

MOISÉS PUENTE

Es interesante que esta experimentación sobre el habitar la llevas a cabo en tu propia carne. La construcción de las casas con diferentes estrategias reflejan los cambios en tu manera de vivir.

SMILJAN RADIC

Las diferencias más grandes que existen entre la casa Chica y la casa para el Poema del ángulo recto tienen que ver con el propio devenir de la familia. Cuando construimos la casa Chica éramos una pareja. Cuando nos mudamos a la casa para el Poema del ángulo recto éramos ya una familia con dos niños, uno de ellos autista, de modo que la manera de mirar el entorno es completamente distinta. No tiene habitaciones y prácticamente es un espacio único con rincones donde se produce la sensación de siempre estar mirándose, como una horda determinada que está vigilándose bajo una carpa que nos protege del contexto. La casa tiene que ver con este tipo de sensación y de relaciones entre quienes la habitan. Es como una casa-patio de planta libre, algo un tanto extraño, todo lo contrario a la casa Chica que está completamente volcada al exterior y sin posibilidades de interior.

Casa para el poema del ángulo recto. Planta.

Hace unas semanas, al entrar en la casa para el Poema del ángulo recto, una amiga sintió pudor porque le daba la sensación de estar entrando en un entorno sumamente privado. Esta sensación es la mejor señal de que se ha hecho bien el trabajo: poder lograr que al entrar en un refugio sientan que están invadiendo un ámbito privado.

La casa Chica fue la primera y la del Poema ha sido la última, y entre ellas se encuentra la casa A, que en realidad fue un arreglo. Hicimos que el terreno atravesara completamente la planta baja de la casa existente, que quedó totalmente transparente, mientras que la segunda planta estaba aislada y tenía unas pequeñas aberturas. La planta baja era un espacio único donde entraban la intemperie y el ruido del exterior; un poco más elevada que el terreno circundante, dos rampas la atravesaban, una a cada lado.

Interior y relación de la Casa A con la parcela

ARQUITECTURA-G

Esta idea de ruinas que quedan como cicatrices en el terreno que a veces sirven como trazas para nuevas construcciones forman parte de una historia que avanza en el tiempo sin nostalgia. En uno de tus textos comentabas que llegó un momento en el que la casa Chica estaba tan deteriorada por la intemperie que no tenía sentido intentar recuperarla y que era mejor convertirla en una piscina. Algo similar sucede con las piedras esparcidas por el lugar; se mantuvieron en su sitio después del terremoto; es como ir dejando huellas de una construcción a otra.

SMILJAN RADIC

Hace años escribí un texto sobre la casa Chica para la revista gallega Obradoiro (núm. 33, 2008) que tenía como título “Esta casa ya no existe”. Me imaginaba la casa como una piscina futura, y fue exactamente lo que hicimos: conservamos la proporción de 4 x 6 m, algunos muros y finalmente acabó siendo una piscina. La casa se ha reciclado, y aún pueden verse sus restos, sus ruinas. Así, en un período de tiempo de diez años, tenemos ruinas y tiempo, como una especie de historia comprimida, como si hubieran pasado 60 o 100 años.

Lo que fue la Casa A, convertido en piscina.

En un principio, el bosque de piedras servía de cantera para que Marcela pudiera trabajar en sus esculturas, y aún conserva en parte esta función. Sin embargo, las piedras también servían para dar un tiempo al lugar, como si el terreno fuera una hoja de papel y uno le pusiera pesos para que no se volara, para atarlo al lugar. Este año hemos hecho una primera prueba de tener un manto de hojas de roble con tonalidades anaranjadas sobre el suelo. Ahora el manto cubre un 95 % del terreno y lo ideal es que dentro de diez años todo esté cubierto de hojas, con las piedras y los volúmenes que aparecen aquí y allá.

Sobre el tema de las huellas. Si uno analiza las huellas de una instalación artística, estas son el archivo fotográfico y la sensación que ha producido en el visitante. Eso es lo que debería tenerse en cuenta en arquitectura, que es un momento expandido en el tiempo, nada más que eso, una instalación permanente.

En ese sentido, al instalarse cara a cara frente a la naturaleza, o en la misma ciudad, existe la posibilidad de no destruirlo todo, o de sí hacerlo, pero siempre con la idea de hacer un bien público, de producir bienestar. Por ese motivo, si hay que talar dos árboles se talan sin más, como antiguamente hacían los campesinos.

Para recuperar algo, ese algo necesita tener cierto valor físico. En Europa tenéis que recuperarlo todo, porque todo tiene valor físico. El esfuerzo construido en Chile es muy escaso y en general las construcciones no tienen demasiado valor. Cuando uno se plantea recuperar construcciones tan frágiles, es preferible recuperar la memoria, los buenos recuerdos, pues probablemente los edificios desaparezcan después de cinco años porque los materiales y la construcción no dan para tanto.

En estos momentos estoy construyendo un teatro en la ciudad de Santiago que tiene que ver un poco con esto, donde vacío todo el interior y solo dejo la fachada de un edificio existente. El Ayuntamiento exigía dejar huellas del pasado o algo a lo que agarrarse, pero en el fondo la fachada acaba convirtiéndose en un disfraz. Cuando uno habla de recuperar, la pregunta es ¿recuperar el qué? Recuperar lo que uno quiere mantener en la memoria. Además, se produce una sensación bastante perversa de que todo aquello que viene después será peor, incluso aunque lo que hubiera antes fuera una porquería; simplemente tenía cierta gracia por el hecho de estar allí antes.

MOISÉS PUENTE

¿Habéis pensado hacer alguna actuación más en el lugar?

SMILJAN RADIC

No, de momento no. Lo único que tenemos en mente es comprar esa otra parcela que corta por la mitad el sitio, aunque aún no hemos dado ningún paso, más que nada por respeto, pues los propietarios vienen de vez en cuando. Lo que sí nos gustaría es unir ambas partes. Nuestro objetivo final de tener ocho hectáreas permitirá un microclima aislado del exterior.

MOISÉS PUENTE

Sobre todo a partir de la casa Chica, las operaciones llevadas a cabo en la parcela recuerdan mucho al pabellón Upper Lawn (Whiltshire, 1959-1962) de Alison y Peter Smithson, donde el habitar se experimenta consigo mismo. Creo que ambas propuestas tienen en común el tema del refugio fuera de la ciudad, del viaje hasta llegar a él, del contacto con unas huellas existentes, el vivir con la naturaleza, el volver a casa a Santiago… Al menos en lo que se refiere a una construcción biográfica, ¿crees que tienen puntos en común?

SMILJAN RADIC

No mucho. En general procuro no entrar en relaciones de este tipo con otros ejemplos de la historia de la arquitectura. Yo hablaría más de necesidades inmediatas y de cómo responder a ellas; quizás sea eso lo que más valor tenga a nivel existencial y biográfico. Cuando conocí a Marcela, ella quería construirse una casa en el lugar porque había vivido allí unos meses cuando estaba preparando una exposición de escultura. Se trata de algo más inmediato, la necesidad concreta de construir una casa allí. La referencia a los Smithson sirve de fondo; son referencias importantes, pero nunca lo habría asimilado como algo existencial. Como en su caso, me interesa la historia del lugar y algún que otro parámetro, pero nada más. En el fondo creo que no manejo muchas referencias; más bien pocas, pero muy estudiadas. Diría que pertenezco a una generación muy formalista, muy preocupada por el aspecto formal.

Sobre la memoria y sobre cómo encajar algo y adaptarse existencialmente, mis referencias son la obra de personajes como Tadeusz Kantor, aunque sus textos traten sobre teatro; en arquitectura los tiempos son un poco más dilatados. Finalmente lo biográfico surge más de la experiencia y de problemas o asuntos concretos; no es una biografía adquirida.

MOISÉS PUENTE

Me refería más bien no a construir grandes teorías, sino a la experiencia del habitar tu propia obra y después aplicar toda esa experiencia a otros proyectos. El habitar como un laboratorio.

SMILJAN RADIC

Sí, eso sí, y también es una manera de ser un poco responsable dentro de toda la irresponsabilidad general [risas]. Lo que ocurre es que yo trabajo con más incertidumbres que certezas, y a un cliente tienes que ofrecerle ciertas garantías, cosa que con uno mismo no ocurre. Por ejemplo, haber trabajado con carpas y lonas en nuestra casa en Santiago (casa CR, 2003) ha permitido trasladar esta experiencia a escalas más grandes. Lo que tiene de bueno este modo de actuar, al menos en mi caso, es que siguen llegándome clientes relativamente raros, o con perfiles poco habituales, que demandan espacios relativamente flexibles.

ARQUITECTURA-G

Al analizar tus proyectos descubrimos que están cargados de una gran densidad proyectual que vamos descubriendo a medida que los estudiamos. Observando las casas una a una, lo que queda de una en la otra, y puede reconocerse una manera de hacer, referencias o decisiones muy personales que se van aplicando en capas que se superponen. ¿Sientes la necesidad de ir cargando de densidad los proyectos?

SMILJAN RADIC

En general, los proyectos que más me interesan son aquellos en los que aún puedo manipular cierta escala. En los últimos proyectos más grandes que he abordado, he podido llenarlos de ese “algo” más personal porque creo que estoy llegando a cierta madurez. Sin embargo, muchos se han quedado en un punto intermedio, en el camino, como un ejercicio de solucionar bien un problema, pero sin mucha de esa densidad de la que habláis. En los proyectos pequeños resulta relativamente fácil y es el tipo de arquitecturas que más me entretienen. Los proyectos tienen que pertenecerte, y para ello tienes que hacer pocos al año, para así poder cargarlos personalmente de densidad. Cuando tengo que derivarlos y entregarlos a otros, me empiezan a resultar lejanos, desprovistos de ese “algo” que finalmente se siente. Un buen ejemplo sería ese pudor que sintió mi amiga al entrar en nuestra casa; ese es el objetivo final, ser capaz de conseguir algo así. Lo curioso es que casi todo esto tiene su origen hace mucho tiempo, en cosas que leí cuando estuve estudiando en Venecia en 1991 y 1992, cuando conocí a Kantor y viajaba por toda Europa con sed de aprender. Si hablo de huellas personales, ese tipo de recuerdos son los más importantes.

ARQUITECTURA-G

En lo que se refiere a la densidad de los proyectos, las casas no solo se cargan de ingredientes tuyos, sino que también heredan cosas unas de las otras. El caso más evidente es el de la casa Chica, que ahora es una piscina. Por otro lado, aunque la casa A no se parezca en absoluto a la casa para el Poema del ángulo recto, también comparten elementos como la rampa. Se producen contagios, probablemente derivados de la interpretación del lugar. ¿Cómo ves la relación entre los proyectos, aunque sean tan diferentes entre sí?

SMILJAN RADIC

La casa A se apoyaba sobre unos pilotis cortitos, de modo que construimos una base, una rampa, como si fuera un cerro de hormigón negro que forzara que el paisaje se metiera dentro de la casa, para dar esta sensación de que puedes llegar a caballo y meterte en casa sin ni siquiera bajarte del él. Es como en esas rampas helicoidales de los castillos medievales, donde el señor podía llegar hasta arriba sin desmontar siquiera. Más que con la casa, la rampa tiene que ver con el paisaje, con una manera de entrar, de alejar la casa del punto de acceso. En este sentido sí que existe una relación entre esta casa y la casa para el Poema del ángulo recto. Además, la casa A estaba atravesada visualmente en planta baja, y en la casa para el Poema del ángulo recto hay una diagonal visual que va de ventana a ventana (las dos únicas ventanas que tiene) y que conecta el paisaje atravesando la casa desde un paisaje muy próximo, allí donde están las piedras, a uno muy lejano en el horizonte; de esto me di cuenta una vez construida la casa, no era algo planeado. También hay una diagonal visual que atraviesa el patio. La sensación de interior que produce esa casa no es tan hermética como podría parecer desde fuera.

El dormitorio de ‘la tribu’.

En el resto de construcciones —la “cabaña de Heidegger” y la casa Transparente— se ha trabajado con temas de limpieza y de piel: limpiar lo preexistente, dejar la estructura tal cual, colocar una nueva piel y disminuir su volumen, unas medidas mínimas para que pueda habitarse con cierta higiene.

MOISÉS PUENTE

Por cierto, ¿de dónde le viene el nombre a esta casa?

SMILJAN RADIC

Hace siete u ocho años empezamos a coleccionar primeras ediciones de arquitectura “radical”, de personajes como Guy Debord, Asger Jorn, Superstudio, los situacionistas, etc. En todos ellos siempre estaba presente un personaje contra el que se dirigían, una especie de villano: Le Corbusier. Digamos que “combatían” contra él, pero por eso mismo no dejaban de orbitar a su alrededor. La colección se basa en este tipo de relaciones con un personaje o “monstruo” central.

Después de ganar un concurso, con gran parte del premio nos compramos la edición original de Le Poème de l’angle droit [El poema del ángulo recto, 1955] de Le Corbusier. Su tamaño real es muy distinto al de las reproducciones o imágenes que se publican. Hay unos dibujos que, aún no siendo muy buenos, tienen una potencia increíble. Se trata de un libro que no es un libro y que se encuentra a caballo entre lo que a Le Corbusier le hubiera gustado ser y lo que en realidad fue, en ese punto de choque entre el pintor y el arquitecto.

Pintura para el libro ‘El poema del ángulo recto’. Le Corbusier, 1955.

Tuve una de las 19 litografías en mi escritorio durante mucho tiempo, una del capítulo dedicado a “la carne”. Lo que yo veo en esta lámina es un hombre acostado al que se le ve un pie, los pezones y una especie de menhir que parece ser un pene erecto. Aparece también una mujer en cuclillas, y en la parte superior de la lámina una mano que parece estar tapando la frente del hombre. La sensación es la de una caverna, con un fondo de luz, o una nube, al fondo, que bien podría ser una ventana. Esa es justamente la sensación con la que se encontró mi amiga al entrar en nuestra casa, la misma que produce la litografía y que quería conseguir en el interior de la casa. No se llama casa para el Poema del ángulo recto por cuestiones formales o geométricas, sino por tratar de capturar esa sensación, como si fuera la ilustración de una ilustración, un ejercicio inverso de representación de cómo expresar ese ambiente en arquitectura.

Lucernarios de la casa para el poema del ángulo recto.

ARQUITECTURA-G

¿Cómo abordaste la construcción?

SMILJAN RADIC

Los constructores, dos hermanos que habían construido la cercana casa de Cobre II (Talca, 2004-2005), nunca habían trabajado con hormigón; solo habían construido algún pilar y alguna viga, nada más, pues sobre todo trabajaban la madera. Como los camiones hormigoneras no podían llegar hasta la parcela, el hormigonado fue un proceso manual muy lento y artesanal que duró año y medio. Todo ello hizo que hubiera un mayor control sobre la casa, que todo fuera mucho más preciso de lo habitual. Hay partes cuyo trazado hice yo mismo en el lugar, pues hay continuidades entre rectas y curvas que no pueden hacerse si no se sabe geometría. Como los constructores no sabían hacer los “cucuruchos” salientes, que alcanzan los siete metros, tuvimos que imprimir a tamaño real el desarrollo de la geometría y replantearlo in situ. Parece una geometría muy sofisticada, pero en realidad el proceso en obra fue muy primitivo.

Construcción de la casa.

ARQUITECTURA-G

En algunos de tus escritos hablas de “atrapar aire” o del aroma de materiales. ¿Qué te ha llevado a esto?

SMILJAN RADIC

Yo no me refiero al aire como algo formal, geométrico o visual. Por ejemplo, cuando uno va a un centro comercial, no hay aire dentro, sino una serie de superficies. En su Autobiografía científica Aldo Rossi hablaba de Sant’Andrea de Mantua, de la bruma que entraba en la basílica. Viajé a ver toda la obra de Alberti para ver en qué consistía eso de que una atmósfera entrara en un lugar. Sin embargo, cuando llegué a Sant’Andrea allí no entraba ninguna niebla, aunque la descripción de Rossi era tan potente, tenía tanta fuerza, que cuando estabas allí, con esas puertas enormes, te dabas cuenta de que era algo que podría suceder en realidad. Esa sensación de “atrapar aire” es dotarle de una cualidad que vaya más allá de lo visual. Por acudir a un lugar común, es como cuando Junichiro Tanizaki habla de que puede dársele una cualidad al aire mismo desde la sombra.

En la planta alta de la casa CR se produce un color lechoso bajo las lonas blanquecinas que no existe en ninguna otra parte de la ciudad. En las fotografías parece como si el espacio estuviera mal retratado, pero no es que la fotografía esté mal tomada, sino que el espacio tiene esa luz lechosa que hace que parezca que hay algo que falla en la fotografía. O como sucede cuando colocas una lona roja en un dormitorio y por la mañana te despiertas inmerso en una luz rojiza. Tiene que ver con el color.

En la burbuja de su Museo de Arte de Teshima, Ryue Nishizawa plateó este “atrapar aire” de una forma muy clara. Visité el edificio hace dos años y me ocurrió algo muy extraño: el sonido de unos pelícanos que volaban por allí rebotaba dentro de la cúpula, un espacio exterior que, finalmente, también era interior. Se producía esa sensación de “atrapar aire”, y este empezaba a tener una funcionalidad distinta. Cuando los arquitectos hablan de este tema se refieran más bien a superficies o relaciones formales, pero no creo que eso sea lo más importante. Estas cosas son las más visibles en medios reproducibles, pero no estoy seguro de que sean las relevantes cuando uno llega a un sitio, donde se producen cosas más intangibles y las más difíciles de lograr.

MOISÉS PUENTE

Esto también tendría que ver con lo que se está haciendo desde otras disciplinas artísticas: la creación de atmósferas. Artistas como Olafur Eliasson intentan buscar calidades intangibles a través de la luz, el color o el propio observador, donde la atmósfera adquiere mayor significación que el propio espacio.

SMILJAN RADIC

A veces estas cosas tienen un aire experimental; sin embargo, cuando estos temas se experimentan en arquitectura siempre son de maneras más veladas, más matizadas. En ese sentido me producen más una sensación de permanencia, no de tratar de enfrentar al espectador cara a cara con una experiencia, sino que se produzca una sensación de permanencia.

ARQUITECTURA-G

Sería este un acercamiento más fenomenológico a la casa.

SMILJAN RADIC

Sí, pero tiene mucho que ver con ese “atrapar aire”. Por ejemplo, en la casa que hicimos en Chiloé (Habitación, San Miguel, 1997-2007), la cocina se encuentra en la entrada de la casa, porque fuera hace frío y cuando uno entra así se da la bienvenida al visitante, con el calor que desprende la cocina; en la casa para el Poema del ángulo recto la cocina ocupa la misma posición. Este tema del aire no es solo clima y color, sino que también tiene que ver con las costumbres, la sociabilidad, con otro tipo de relaciones que creo que son importantes.

ARQUITECTURA-G

Si entendemos el aire de esta manera, podría entenderse como un material más con el que construir.

SMILJAN RADIC

Sí, debería ser así.

Casa para el poema del ángulo recto.

ARQUITECTURA-G

En cuanto al clima, por cómo están construidas, estas casas parecen mantener una relación bastante delicada con la intemperie. Parecen no responder a los cánones establecidos del confort climático, pero en cambio están más atadas al lugar donde se encuentran. Incitan a una forma concreta de vivirlas, a unas costumbres muy directas, a una relación muy física con el alrededor.

SMILJAN RADIC

Sí, todo esto tiene que ver con cuándo y cómo se habitan los lugares, en qué momento del día y del año se ocupan realmente, y todo esto tiene que ver con el confort. Evidentemente, es bien distinto proyectar algo para que se habite todos los días del año, como un centro comercial, o algo para momentos concretos, como un palacio de primavera en Japón.

Cuando era niño, en invierno andaba con chaleco o abrigo por casa, y no tenía nada que ver con pertenecer o no a una familia rica o pobre, sino que era un problema de confort natural. Uno sabía cuándo hacía frío o calor afuera, y esto también es una cualidad de ese “aire” del que hablábamos. El clima interior no es perpetuo e inmutable, sino algo que relaciona el interior con lo que está pasando fuera. Para mí esto sigue siendo importante. Preferir que la calefacción siempre esté a 20 ºC, o quizás con 16 ºC ya uno está bien. Por ejemplo, nosotros ocupamos cómodamente la planta alta de la casa CR durante una época del año, y durante otra no, bien porque estamos de vacaciones o porque no puede ocuparse. Si te pones a cumplir a rajatabla los requisitos del rendimiento energético óptimo, siempre acabarías poniendo 50 cm de aislamiento térmico, algo que resulta estúpido en lugares que no se ocupan permanentemente, donde te puedes poner un abrigo las pocas veces que lo necesites. No veo por qué habría que hacer esto en lugares de uso esporádico. Sería más bien al contrario: qué es lo mínimo que tengo que hacer para que haya un confort adecuado durante el tiempo de uso de un espacio concreto, cuándo y cómo deja uno que la intemperie entre en los espacios y cómo se define tu relación en el exterior a partir del uso que le das al interior. Es otra manera de “atrapar aire”.

Una respuesta

Subscribe to comments with RSS.

  1. Rodrigo González said, on febrero 21, 2014 at 4:26 pm

    Apreciados colegas,

    Os felicito por la austeridad y nobleza de vuestro trabajo y esta fantástica entrevista de mi compatriota y gran arquitecto Smiljan.

    les agradece, un arquitecto chileno nómade en mallorca

    Rodrigo González


Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s