ARQUITECTURA-G

ESCRITOS-G: “Un mundo a mi medida”

Posted in Discurso-Conversaciones, ESCRITOS-G by ARQUITECTURA-G on junio 21, 2013

Conversación entre Ricardo Bofill, Guillermo López y ARQUITECTURA-G

Publicado en Apartamento Magazine #11

Fotografía: Archivo Ricardo Bofill Taller de Arquitectura, Adrià Cañameras

INTRO:

En los años 60 Ricardo Bofill funda el Taller de Arquitectura, reuniendo a su alrededor un grupo multidisciplinar formado por arquitectos, ingenieros, sociólogos y filósofos que establece las bases de lo que iba a ser su trayectoria.

Tras varios proyectos residenciales, el Taller emprende la tarea de plantear edificios que, superando las convenciones, proponen nuevas formas de relación social familiar y vecinal. A principios de los 70 Ricardo descubre una vieja fábrica de cemento en las afueras de Barcelona, con una gran parcela alrededor.  Es ahí donde realiza dos proyectos sobre los que charlamos en esta conversación.

Por un lado, el ‘Walden 7’,un barrio vertical con gran influencia de las corrientes filosóficas y políticas de la época, y que debe su nombre a la obra utópica de ciencia ficción Walden dos de FredericSkinner. Junto a él, el edificio en el que tiene lugar la conversación, ‘La Fábrica’, un proyecto que transforma la antigua factoría en su vivienda particular y oficina del Taller de Arquitectura.

Acompañados en esta ocasión  por Guillermo López, arquitecto y editor de la revista ‘Quaderns’, Ricardo nos atiende amablemente en su despacho, situado en el interior de los silos circulares de la antigua cementera. Alrededor de la mesa en la que ha dibujado los primeros esbozos de la gran mayoría de proyectos de su carrera charlamos mientras fuma un cigarrillo tras otro.

CONVERSACIÓN:

Ricardo Bofill:

La historia de mi casa es la historia de mi vida.

Empecé a estudiar arquitectura en la universidad de Barcelona y me expulsaron, así que me tuve que ir. Después, volví a la ciudad y empecé a trabajar haciendo algunos proyectos de vivienda con mi padre, que también era arquitecto. Algunos años más tarde me volvieron a echar por segunda vez cuando, en pleno franquismo, quise abordar proyectos más grandes como la  “Ciudad en el espacio” en Madrid, un nuevo barrio de vivienda social que propiciaba otros sistemas de organización familiar y de propiedad a los establecidos. El tipo que me echó era en ese momento el alcalde de Madrid, y me dijo que no volvería a trabajar en España.

Mi  historia personal es fruto de todas esas circunstancias. En esa época pensaba que Cataluña, donde se podían hacer proyectos de vanguardia, estaba muy bien, pero al mismo tiempo no había espacio para pensar a lo grande, en barrios o en ciudades, que era lo que a mí me interesaba. La vivienda prefabricada y los bloques de viviendas lecorbusierianos con que se planificaban barrios enteros estaban de moda en aquel momento, eran una obsesión de la Escuela de Arquitectura. Pero por entonces yo odiaba a Le Corbusier, un tipo con gran talento y, sin embargo, un suizo de La Chaux-de-Fonds de mentalidad calvinista y puritana.Una persona que, en definitiva, odiaba la ciudad.

La ciudad es el lugar donde se puede concretar la utopía, pero es también -como se puede ver- el lugar de la corrupción. En ese aspecto, Le Corbusier llegó a la ciudad, que en ese momento estaba mal, sucia, llena de mendigos y se horrorizó. Comenzó entonces a hacer planes que contemplaban derribar media ciudad de París o de Barcelona, Argel… Sitio por el que pasaba, sitio en el que proponía esta serie de cosas. Es entonces cuando también se propuso la carta de Atenas y la división de funciones -aquí se trabaja, aquí se duerme, aquí se come- que es lo peor que hay. La carta de Atenas fue un disparate que todavía se arrastra.

Mi batalla individual contra eso fue muy difícil, ya era así en la universidad. Mi trayectoria ha sido un intento de recuperar la ciudad mediterránea, la ciudad europea, una ciudad con calles, plazas, espacios públicos y usos mixtos. Mi vida ha sido eso.

Imaginad un mundo sin ciudades. Sería un mundo sin cultura, sin civilización. No habría pasado nada porque todo avance significativo sucede siempre en la ciudad. Es el sitio de reunión, es el ágora, el lugar donde la gente se encuentra y suceden cosas. Claro que en ella se dan una serie de contradicciones, pero una cosa es arreglar las contradicciones y otra muy distinta es decir que ya no vamos a hacer ciudades.

AL FONDO, ‘EL WALDEN 7’ Y LA FÁBRICA DE CEMENTO. EN PRIMER PLANO, LA MAQUETA DE UN CONJUNTO QUE JAMÁS LLEGÓ A COMPLETARSE.

ARQUITECTURA-G:
En tu ensayo ‘Espacio y Vida’ escribes que el arquitecto, más allá de responder estrictamente a lo que le pide el cliente, debe superar lo puramente utilitarista y aportar algo más que meras soluciones a los deseos o requerimientos concretos. La arquitectura debe tener alma. Tanto el ‘Walden 7’ como tu casa-taller ‘La Fábrica’, pueden entenderse como experimentos habitacionales en los que influyen de manera decisiva factores como su escala, las preexistencias o, en el caso de “La Fábrica”, el hecho de que tú seas tu propio cliente.

Ricardo Bofill:
A principios de los setenta quería dar un salto de escala, pasar de proyectar típicos edificios de viviendas de Barcelona a proyectar un barrio. Esto era muy difícil porque los promotores de entonces no querían ni oír hablar de eso. Sin embargo hice un primer intento en Reus, con el ‘Barrio Gaudí’.

Las casas entre medianeras que ya había construido por entonces estaban realizadas con muy pocos medios, de manera muy artesanal y técnicas muy primitivas, utilizando materiales como el ladrillo. En esa época yo estaba muy cerca de la llamada arquitectura vernácula, una arquitectura sin arquitecto, de gran belleza, formada por volúmenes integrados en el contexto y fabricados con materiales locales sin grandes medios técnicos. Empecé proyectando muy apoyado en esta idea, tanto cuando hice los primeros edificios entre medianeras en Barcelona como en el ‘Barrio Gaudí’ de Reus. De ahí pasé primero a la ‘Ciudad en el espacio’ y luego al ‘Walden 7’, que fue un intento de construir un barrio vertical siguiendo esos criterios.

Lo que ocurrió con los barrios, tanto con la ‘Ciudad en el Espacio’ en Madrid como aquí con el ‘Walden 7’, es que no había ningún promotor que quisiera arriesgarse a hacer una operación así. Por ello, tuve que asociarme con un amigo economista y entre los dos compramos este terreno en la periferia Barcelona y lo hicimos nosotros mismos.

En aquel momento éramos un grupo de trabajo grande, con gente proveniente de distintas disciplinas. Queríamos construir, en primer lugar, una comunidad distinta, siguiendo un poco el comunitarismo del filósofo Henri Lefebvre, que trabajó con nosotros. Aunque ahora no lo parezca, es algo que en el momento era una idea bastante revolucionaria.  El ‘Walden 7’ era una propiedad, pero una propiedad por acciones, cada uno compraba una parte del edificio y elegía una forma de vida. El ‘Walden 7’ está construido por módulos, así que si eras solo una persona, podías quedarte con uno, si vivías en pareja con dos, o si formabas un grupo mayor varios. Cada uno elegía cómo quería vivir allí.

INTERIORES DE LOS MÓDULOS DEL WALDEN 7. ARCHIVO RICARDO BOFILL TALLER DE ARQUITECTURA.

El modo de vida interior era distinto, los espacios eran principalmente multifuncionales. La vivienda que proponíamos en esos momentos no tenía entrada, sala de estar, un cuarto de baño etc., sino que cada módulo podía servir para cualquier cosa. Aparte de eso, los módulos se combinaban en el espacio formando esta especie de monumento que es el ‘Walden 7’, que no deja de estar inspirado en la arquitectura vernácula. Tiene una escala monumental, para que se vea, para que realmente exista, pero a su vez tiene en su interior pequeñas calles, rincones… es un objeto que tiene esta doble escala, la monumental y la humana. En ese sentido, el proyecto fue muy criticado porque en aquel momento hacer un monumento en un suburbio estaba mal visto. Había una corriente en la sociedad que creía que las casas baratas tenían que parecerlo además de serlo. Si le dabas la vuelta a eso había gente que se enfadaba.

Respecto a la fábrica, yo buscaba un lugar para una experiencia más amplia, para acoger tanto mi vivienda como mi lugar de trabajo. En Barcelona esto no se podía conseguir porque había una serie de normas que lo impedían. Sin embargo, saliendo de Barcelona, vi esta fábrica desde la carretera. Entré, hablé con el director y me dijeron que se marchaban en un mes.

COMUNIDAD VERTICAL, SECCIÓN DEL WALDEN 7. ARCHIVO RICARDO BOFILL TALLER DE ARQUITECTURA.

LA DOBLE ESCALA DE LO MONUMENTAL Y LO HUMANO

ARQUITECTURA-G:
Todavía estaba en funcionamiento cuando llegaste. ¿Cómo fue el proceso de transformación?

Ricardo Bofill:
Sí, de hecho no paraba de echar humo y, al ser una fábrica de cemento, estaba todo lleno de polvo por todas partes. Hablamos con los propietarios y la compramos. Después hablamos con el Ayuntamiento de SantJustDesvern (población de las afueras de Barcelona en la que se ubica el proyecto) y dijimos que queríamos hacer una cosa distinta. Era el final del franquismo, y en las afueras de Barcelona había pocas leyes, así que pudimos empezar con el proyecto.

Tras eso, trasladamos el Taller de Arquitectura, que estaba en Barcelona, a unos barracones situados junto a la fábrica, me instalé ahí y empecé a construir. Durante la construcción del proyecto, del que yo era promotor, tuve dificultades económicas y además se produjo una serie de cambios legislativos que nos afectaron, incluso un trozo de la fábrica fue posteriormente expropiado por el ayuntamiento.

Tenía un lugar que la gente consideraba el más horroroso del mundo, lleno de humo y polvo de cemento, y transformarlo era un desafío divertido. Yo pensaba que las ciudades había que conservarlas y modificarlas sin tener que derribarlo todo, como se había hecho a lo largo de la historia. En el renacimiento y en el barroco llegaba alguien y añadía un trozo nuevo a un edificio existente, pero lo que ya estaba seguía ahí. Quería repetir esta experiencia, pero no con un edificio normal, sino con el más complicado, una fábrica de cementos.

La obra duró mucho. Sólo la limpieza duró dos años. El espacio donde nos encontramos ahora era un silo lleno de cemento. Hubo que vaciarlo y después limpiarlo todo. Así como hay una arquitectura vernácula corriente, también hay una industrial. Tradicionalmente, las fábricas no se planificaban sino que se iban construyendo a trocitos. La suma de estas partes es increíble, preciosa, pero en el caso de “La Fábrica” había que ir descubriendo todas esas formas dentro del cemento.

Después de vaciar, lo que vino era como modelar una escultura: cortar las paredes,  quitar elementos para adaptarlo a un nuevo uso, recortar huecos para abrir nuevas ventanas, preparar zonas para hacer forjados, y demás. Pero además de eso había una intención, que era que después de esos cortes las formas resultantes fueran volúmenes puros. Había muchas cosas superpuestas sobre las partes interesantes que había que sacar a la luz.

LA BELLEZA DE LA GEOMETRÍA OCULTA EN LA FÁBRICA

Desde el punto de vista estético, a medida que se recorren los espacios se puede ver que cada parte es un mundo muy distinto. Este proyecto se ha ido construyendo a lo largo de muchos años, por lo que, aunque parta de la arquitectura industrial vernácula, pasa por visiones distintas de la arquitectura.

Tras limpiarlo todo y dejar los volúmenes puros, se plantó abundante vegetación. Hay en eso algo del movimiento brutalista, pero también cierta actitud romántica. Las plantas, que se distribuyen por todas partes, convirtieron un sitio invivible en un lugar poco más humano. En el proceso también hay una especie de historicismo ¿Cómo se abre una ventana en un silo cilíndrico cerrado? Es algo muy complicado, y más desde la perspectiva racionalista. Las ventanas de los silos se inspiran en la arquitectura tradicional catalana, acorde con este historicismo del que hablaba.

Además cada espacio también recibe la influencia de los viajes que he ido haciendo por el mundo. El resultado es muy ecléctico porque hay mucho espacio y se ha ido construyendo durante un largo período de tiempo. Empecé la renovación de la fábrica despacio, no se concluía. De hecho mi casa-taller es una obra todavía inacabada cuarenta años después. Es tan grande y compleja que no puede acabarse.

Por otra parte, entender ’La fábrica’ como casa-taller, continúa con la idea de la artesanía catalana de tener el lugar de trabajo y la vivienda en el mismo sitio. Aquí vivo, y aquí, en esta mesa donde estamos, he hecho la gran mayoría de proyectos de mi vida.

PLANTAS DE ‘LA FÁBRICA’.ARCHIVO RICARDO BOFILL TALLER DE ARQUITECTURA.

Guillermo López:
En este sentido, en tu ensayo ‘Espacio y vida’ haces referencia a ‘La Fábrica’ como un manifiesto en el que se recogen parte de tus ideas sobre arquitectura pero también como ahora mismo decías y dada la larga duración de su construcción, el poso de tus experiencias y las referencias de tus viajes. Más de dos décadas después de la publicación del libro, ¿sigues entendiendo ‘La Fábrica’ como un manifiesto?

Ricardo Bofill:
Me preguntan mucho acerca de mi obra favorita y nunca sé qué responder. La que más me gusta es siempre la última… hasta que me deja de gustar. Cuando la estoy proyectando me gusta, pero después, cuando dejo de proyectarla y la veo construida empiezo a encontrarle defectos. Sin embargo, lo que sí sé decir es que en el sitio donde vivo, que es este, es donde estoy mejor, donde me siento más cómodo y con la cabeza más clara. Este es el lugar en el que puedo hacer una vida más disciplinada. Aquí puedo llevar una vida casi monacal -en un sentido laico- y, aunque a veces un poco libertina, a la vez completamente regulada y estructurada hora por hora.

Este es el sitio donde tengo mayor capacidad de concentración. Si observáis veréis que el espacio donde estamos está muy vacío, sin referencias a mi alrededor.  Aquí no hay conciencia ni de espacio ni de tiempo, que es lo que se necesita para empezar un proyecto. Este mundo lo he hecho a mi medida.

ARQUITECTURA-G:
Volviendo a ‘Espacio y Vida’, comienzas ese ensayo diciendo que eres un “nómada”, un “viajero sin puerto de abrigo, obligado a fijar sus puntos de referencia según su recorrido”, toda una declaración de principios frente a la estaticidad de la arquitectura ¿Cómo conviven la construcción personal de este mundo propio y la capacidad protectora que brinda este lugar con tu nomadismo?

Ricardo Bofill:
Conocí a muchos Tuaregs, entre los que hice algunos amigos. Siempre que podía iba a verlos y viajaba con ellos a lo largo del Sahara. Esa gente tenía un modo de vida y una filosofía que a mí me gustaba mucho. Eran nómadas y tenían todo un ritual de comportamiento que les permitía vivir en un territorio hostil como es el desierto. Desde la manera de vestirse hasta la manera de tomar el té por la mañana, todos estos rituales tienen un sentido en ese entorno. Si te equivocas lo pasas muy mal. Es una vida en la que todo se usa al mínimo.

Además, hay algo impresionante, y es que tienen sentido del espacio. Sin brújula, sin nada, saben cruzar un territorio gigantesco sin perderse. Esa manera de vivir con lo mínimo y en movimiento me gusta mucho.

Los nómadas tienen ciertos lugares de referencia donde se detienen. A mí me ocurre cuando voy al desierto del Sahara, donde hay sitios que me gustan especialmente, o cuando, en Venecia, voy a ver un determinado edificio de Palladio.Lo mismo me sucede cuando voy a ver una cosa de Wright en concreto. Hay sitios que tengo como referencia cuando viajo. Viajo la mitad de mi tiempo, la otra mitad estoy aquí. Soy un nómada que cuando vuelve a su casa puede encontrarse con un ambiente que está preparado para desarrollar una actividad intelectual.

Guillermo López:

Al principio hacías referencia a una arquitectura vernácula, a volúmenes que van multiplicándose y combinándose entre sí. En proyectos como el ‘Walden 7’ se impone esa misma lógica pero incorporando su crecimiento en vertical.

Aunque tus proyectos sean de naturaleza muy distinta, hay algo que observamos en tu trayectoria que se mantiene como una constante, las leyes geométricas que los ordenan, en unas ocasiones de forma más evidente que en otras. En el caso de “La Fábrica” no se parte de una parcela en blanco, sino de una preexistencia que ya cuenta con geometrías muy claras y contundentes. Los silos en planta son círculos perfectos, a los que después aplicas una estrategia de sustracción…

Ricardo Bofill:
Destrucción.

Guillermo:
¿Destrucción?  Bueno, es un concepto algo distinto…

Ricardo Bofill:
Sí, sí, es destruir para encontrar la belleza oculta dentro de la fábrica. Es un trabajo de destrucción casi escultórica.

ARQUITECTURA-G:
Una cosa que nos llama la atención es que aunque la preexistencia tenga por su escala un carácter monumental y unas dimensiones muy generosas, cuando necesitas encontrarte contigo mismo, en el momento de buscar la concentración y enfrentarte a la página en blanco, vienes a un sitio que es lo contrario, está acotado, resguardado, que es donde estamos ahora.

Ricardo Bofill:
La monumentalidad me gusta, pero hay que ir con mucho cuidado con ella.
He tenido que mezclar dos conceptos. Esta diferencia es muy sutil y hay que saberla manipular. La arquitectura monumental es una arquitectura institucional, vinculada a un lenguaje de regusto neoclásico y la arquitectura del poder. Por eso siempre hay que introducir en los proyectos esta doble escala para que sea monumental pero acogedor a la vez, hay que introducir la escala humana en los proyectos para que la gente pueda sentirse confortable.

TALLER DE ARQUITECTURA

ARQUITECTURA-G:
Esa doble escala a la que haces referencia se da en tu casa-taller, donde cierta monumentalidad convive con lo más doméstico e íntimo. En este sentido, ¿qué estrategias se siguieron para adaptar la escala de lo doméstico con la escala enorme de la preexistencia? ¿Seguiste un proceso que evolucionó sobre la marcha o partías de una planificación inicial?

Ricardo Bofill:
Fue sobre la marcha, aunque el proceso y las estrategias del proyecto estaban claros: limpiar, destruir, plantar, introducir componentes historicistas, incorporar las  influencias acumuladas  en mis diferentes viajes, etc. Lo que ya no estaba tan claro eran los usos.

La construcción había que hacerla punto por punto. Las paredes de los silos son de 12 cm de grosor, para introducir los forjados había que hacer en las que se colocaban  los forjados de ladrillo porque en aquel momento hacerlos de hormigón resultaba excesivamente caro. Lo construimos todo punto por punto.

Además, me gustaba el hecho de construirlo así, de una forma barata. El lujo no me gusta, decididamente no me gusta. Esto es muy importante, la arquitectura que es expresión de lujo me molesta profundamente para vivir. Veréis que en los interiores de esta casa-taller hay el mínimo de elementos posibles. Me gustan las paredes de obra, sin tener que revestirlas de materiales lujosos, me gustan las cosas mínimas. Todas las mesas y sillas de los despachos y de las salas son las mismas que hace 40 años. No me gusta cambiar nada. Me gusta lo mínimo, lo necesario, lo más puro posible. Así es donde yo vivo mejor.

INTERIOR DE LA VIVIENDA

Guillermo López:
Hablabas hace un momento de eclecticismo y, en concreto, de cómo a lo largo del proceso se han ido superponiendo distintas actuaciones, mientras que por otro lado también has criticado la separación de funciones tal como quedaron recogidas en la Carta de Atenas. Tu casa-estudio, ‘La Fábrica’ entendida como manifiesto, parece que precisamente ponga en crisis la idea de zonificación, de vida entendida como una parcelación de funciones que se suceden de un modo lineal. El proyecto alude más bien a una mezcla, a un juego continuo de opuestos en los que lo fabril se confunde con lo doméstico, tu vida más privada con el trabajo, lo vegetal con lo artificial, etc. Vemos una suma de ambigüedades voluntarias como respuesta a todo lo que se atribuía al movimiento moderno, mucho más propenso a delimitar.

Ricardo Bofill:
Lo que mejor sé hacer es controlar los procesos de trabajo y cambiarlos en función del proyecto, controlar el cambio de escala, ir de la gran escala a la pequeña escala. Cuando era joven pensaba que podría llegar a construir una ciudad, pero luego me di cuenta que no podría hacerlo. En ese sentido, la estrategia que seguí con el Taller fue la de proyectar trozos, fragmentos, de modo que si alguien pudiera unirlos todos y sumarlos obtendría una ciudad.

En cambio, el estilo y el lenguaje ya no me interesan tanto. Cuando yo comencé, el Estilo Internacional estaba en boga. En Estados Unidos se vivían los resultados de la arquitectura de Mies, la arquitectura de vidrio con estructura de acero. El lenguaje se reducía cada vez más, estábamos destinados a una monotonía absurda. Mies supo reducir su lenguaje al mínimo, pero de ahí a tener que escribir todos una novela con las mismas cuatro palabras era absurdo.

Así empezamos la posmodernidad con la que quisimos recuperar el lenguaje de la arquitectura histórica. De repente la gente se dio cuenta de que existía un lenguaje más amplio para escribir la arquitectura. Lo que pasó, la verdad, es que salía una arquitectura muy mala. Sobre todo la vulgarización de la posmodernidad era pésima. Por eso al cabo de dos o tres años decidí que el posmodernismo no me interesaba más. Pero en cambio sí que quería escribir de un modo distinto o intentar inventar lenguajes, o por lo menos no repetirme, porque inventar es muy difícil. Como decíais antes, lo que sustenta nuestros edificios es la geometría. La geometría siempre ha sido clave en mi trabajo.

DISTINTAS ETAPAS DE LA EVOLUCIÓN DE UN ESPACIO

ARQUITECTURA-G:
Volviendo a ‘La Fábrica’, nos atrae especialmente la idea de ruina. Primero se interviene en una antigua fábrica mediante el vaciado y la destrucción y luego, siguiendo una idea romántica, se planta vegetación que devora la construcción. Puede dar la sensación de que existe la voluntad de habitar una ruina.

Ricardo Bofill:
La idea de ruina me gusta mucho, pero me gusta metafóricamente. Me gusta que el edificio no se acabe, que no esté completo, que esta especie de ruina sobresalga continuamente. La idea de ruina me gusta filosóficamente, la vida es una ruina.

La obra inacabada, a medio hacer, en ruinas, es un tema que siempre me ha interesado. La obra de arte no existe, es como una carrera de galgos en la que corres hacia algo pero nunca acabas de conseguirlo. Toda obra va a tener fallos. La idea de que debajo de algo haya otros mundos me atrae mucho.

Guillermo López:
En este proyecto, el aspecto de ruina no solo lo determina el hecho de que esté inacabado, sino el aspecto que le brinda la vegetación exuberante, que se superpone a la geometría clara de los silos y la conquista paulatinamente a medida que crece, hasta el punto de aislar el edificio del contexto exterior. De hecho, desde tu casa-taller la única referencia del exterior manifiestamentevisible es el ‘Walden 7’.

Ricardo Bofill:
Yo quería que la vegetación se comiese el edificio y lo tapase. No me gustaba hacer aquí una fachada. No para mí. Si te das una vuelta por aquí no verás nada de este edificio, está tapado por los jardines, y lo está por dos motivos. Primero porque, desde estas ventanas de aquí, yo no quería ver nada de lo que pasase fuera, quiero un mundo redondo. Y también está tapado porque quería que este edificio no tuviera una fachada compuesta. Ninguna de las casas que he hecho para mí mismo tiene fachada. La fachada la hago porque la piden los clientes, porque hay que hacerlas. Pero no es la fachada el elemento que más me interesa, sino el espacio. Para comprender el espacio se tienen que abrir los ojos al máximo, el campo más amplio posible, 180º, ver también el contexto, el espacio, y cuando te giras recordar también aquello que hay detrás de ti, estar envuelto para percibir esa sensación de placer espacial.

ARQUITECTURA-G:
Nos interesa la parte cotidiana del día a día, conocer cómo se produce el tránsito a un espacio tan grande, cómo se coloniza, si hay que aprender o desprender cosas para poder habitarlo. Hablabas antes de los rituales…

Ricardo Bofill:
Tienes que construir tu manera de vivir, tu modo de vida y tu placer. Organizar de acuerdo a tu personalidad tus situaciones de placer, y a medida que pasa el tiempo todavía más. Cuando te haces mayor cada vez es más difícil. En mi caso, tengo que ritualizar el tiempo y el espacio. Un sitio para hacer una cosa, un tiempo para hacer otra, los tiempos están muy fijados. Todo esto es un ritual para poder conservar la creatividad, el interés, el aprendizaje, y para ello cada vez debes ser más estricto. Cuanto mayor eres, mayor es el riesgo de que la creatividad disminuya.

Al principio de un proyecto, mi manera de trabajar es estar aquí, solo. La realización de un proyecto me interesa, pero el momento en el que más disfruto es el de la página en blanco, el de la concepción de un proyecto. En el momento creativo no me gusta tener influencias, no me gusta tener libros ni revistas al lado para ver qué ha hecho otro. Me gusta empezar con la cabeza lo más clara posible. Las influencias ya las he tenido viajando y visitando la obra de los arquitectos que me gustan. Aquí no quiero ninguna.

Hay gente que está muy basada en la memoria haciendo sus escritos. A mí, recordar todo lo que he hecho en mi vida paso a paso me aburre muchísimo. Volver a recordar todo, qué hice en tal año, qué pasó, etc., por eso no hago memorias.  En cambio pensar en el proyecto sigue divirtiéndome, me anima pensar qué voy a hacer en cada nuevo proyecto.

Guillermo López:
Cuando has empezado a hablar de ‘La Fábrica’comentabas cómo las normativas afectan a lo que construimos. En ese sentido, ‘La Fábrica’ es un lugar que te permitió poner en crisis una limitaciones normativas muy rígidas ¿Crees que en este contexto un proyecto como la Fábrica sería hoy posible?

Ricardo Bofill:
No si pasas por la normativa, por las reglas del juego. Ni ‘La Fábrica’ ni el ‘Walden 7’ hubieran sido posibles hoy. En los países más regulados, donde se va con más cuidado, se producen menos disparates, pero también es más difícil inventar. Se inventa más en los países del tercer mundo que en países como Holanda o Dinamarca donde todo está perfectamente regulado.
¿Si tuviera que hacerlo para mí mismo? De no poder hacerlo aquí, me iría a otro sitio. Cambiaría de país hasta encontrar un lugar donde poder construir mi mundo.

Una respuesta

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  1. lavrish said, on agosto 13, 2013 at 11:06 am

    Qué pasada ! me quedo con la primera foto


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